Karma Yoga (Parte II) – Espíritu de servicio


Espíritu del Servicio

Todas las filosofías modernas de economía, política, etc., surgen del hecho básico que debe haber mayor sentido de justicia. Cuando un hombre posee más inteligencia, mayor sentido de justicia. Cuando un hombre posee más inteligencia, mayor empuje e iniciativa, tiene mayores posibilidades de aumentar sus ganancias ¿Por qué las instituciones del gobierno le cobran a él mayores impuestos que a la persona de ingresos menores? Lo hace para que el pobre pueda tener sus ventajas. Los gobiernos son financiados con el dinero del pueblo, no tienen dinero propio, no imprimen billetes sin su contraparte en forma de trabajo o de productividad. De modo que los gobiernos toman el dinero de la gente más adinerada para distribuirlo en forma justa –hablando en términos generales- entre todos. Aquél que posee más inteligencia o astucia para ganar dinero aporta un impuesto mayor al gobierno para asegurar el bienestar básico de todos, especialmente de aquellos de menos iniciativa y empuje para generar dinero.

No hemos sido creados de igual forma en cuanto a nuestra capacidad mental o a nuestro empuje, por lo que es natural que haya desigualdad en la vida. La filosofía social, por tanto, trata de mitigar las desigualdades, tratando de mejorar la situación de los menos afortunados, brindándoles mejores oportunidades, educando a los menos instruidos para elevar el nivel de su rendimiento. Este ese el espíritu del deber del hombre. Esta es también la filosofía social del Karma Yoga.

Karma Yoga significa básicamente un sentido del deber, un sentido de responsabilidad, un sentido de justicia y la capacidad de adaptarse a esa justicia, más bien que gritar por un ideal mejor o pensar en revolución. Por eso, Karma Yoga representa esencialmente la comprensión del hombre, de la vida, y su rol en ella. Aquellos que practican el Karma Yoga comprenden que el hombre no puede vivir permanentemente para sí mismo, que tiene un deber mayor frente a la sociedad, hacia quienes lo rodean.

Todos tenemos deberes uno para el otro. El hijo tiene su deber para con sus padres, y los padres tienen sus deberes para con sus hijos. En lugar de que la sociedad o la autoridad tenga que imponer el cumplimiento de estos deberes, creamos una comprensión del espíritu del deber en nuestra vida, procuramos crear, con nuestra comprensión, un sentido de responsabilidad. Tratamos de hacer algo positivo, no por ganancia personal ni por temor a que nos obligue la ley, sino para crear la conciencia del servicio al ser humano, la conciencia de que él requiere algo más que la mera satisfacción de sus necesidades físicas.

Los cuatro deberes básicos

Existen cuatro tipos básicos de deberes a través de cuyo cumplimiento el hombre puede evolucionar.

  1. El primer deber es la responsabilidad del hombre hacia su vida espiritual, su lealtad hacia los valores espirituales, responsabilidad de cumplir la ley de la rectitud. Esta es la íntima esencia de los deberes sociales. No es un deber hacia un concepto vago, sino que es el deber hacia la integridad, la verdad, el sentido de justicia y la honestidad. Es, en otras palabras, el deber del hombre hacia Dios. Sin esta base, todo lo otro será falso.

El segundo deber del hombre es el deber para con aquellos que están inmediatamente relacionados con él, aquellos que dependen directamente de él, tal como la familia. No es sólo la responsabilidad económica, ni es sólo responsabilidad educacional, sino que la parte vital es el deber de crear un real sentido de pertenencia y de cohesión con la familia, de desarrollar la ley del amor en la familia, para que sea un lugar cálido, para que aquellos que viven en él puedan tener allí sus raíces, para que pueda haber confianza y verdadera mutualidad de amor, para que haya un sentido de dependencia y realmente pueda confiar el uno en el otro. Es cierto que la responsabilidad económica también está implicada, pero el dinero sólo no asegura la paz o la felicidad en la familia.

  1. El tercer deber espiritual es hacia la comunidad, cuidando de la propia vida recta, es decir, tratando de crear una aspiración por la propia realización, vivir para una causa espiritual, vivir una vida altruista. Cualquiera que sea nuestra ocupación, siempre podemos cumplir una meta positiva. Podemos llevar la luz de nuestra realización a los demás, no como predicadores, no como alguien que está parado en un púlpito, sino a través de nuestras acciones y actitudes, y hablando a la gente en el lenguaje que entienda. Es principalmente a través de las relaciones personales que se lleva la comprensión de Dios a la vida de la gente con la que uno entra en contacto.

  2. El cuarto deber es, en un sentido más amplio, la promoción del mejoramiento, la participación dl entendimiento espiritual. No significa que estaremos tratando de imponernos o ser intolerantes con respecto a los errores de los demás, sin que tratemos de compartir los valores en los que creemos con el objeto de dinamizar nuestra propia comprensión para que ésta no se torne estática.

Iccha

Iccha es la buena disposición de ayudar a los demás, en el espíritu del servicio o del deber. También puede interpretarse como voluntad de Dios. Se requiere de mucho discernimiento para poder comprender desinteresada y objetivamente cuál es la acción correcta y necesaria en una determinada situación. Es muy fácil confundir la opinión egoísta con la voluntad de Dios. Sólo los aspirantes espirituales muy evolucionados pueden obrar con discernimiento objetivo.

Aspecto funcional del servicio

Kriya es la aplicación del espíritu del servicio en el plano práctico, la verdadera función del deber. Consiste en considerarnos modestos instrumentos de lo divino, no agentes independientes, no es la mente la que piensa, es el alma la que da la luz a la mente para que piense. Y en base a esta comprensión tratamos de entender la naturaleza del espíritu. Toda esta actitud nos hace modestos y nos ayuda a obrar sin egoísmo. Nuestro deber es servir sin calcular la recompensa.

Con esto llegamos a otra fase del Karma Yoga: el servicio altruista, o sea, servir sin esperar ganancia. Desde el momento en que no esperamos recompensa de nuestro servicio, comprendemos el espíritu de servicio. Tratemos de servir con idealismo noble a la luz e nuestra conciencia, tratemos de ser eficaces sin esperar recompensa. Solamente así el servicio purifica. De otra manera, si estamos condicionados por la expectativa, la eficiencia de nuestro servicio fluctuará de acuerdo a los resultados que obtengamos.

Por lo general, un empleado es eficiente, tiene interés y entusiasmo en su trabajo, porque su nombre y su ego están asociados con el mismo. Por eso, cuando se le cambia a un cargo inferior o cuando se le rebaja el sueldo, decaerá su interés y su eficiencia. De igual manera, nuestro servicio a la sociedad, o las instrucciones, nunca podrán ser saludables y puras mientras haya expectativas. En el Bhagavad Gita se dice: “Cuanto mayor la expectativa tanto mayor la posibilidad de ser desilusionados.” Por eso el sabio condiciona sus relaciones sobre la base de sus ideales espirituales, y como él no espera respuesta material ni emocional, no sufre desilusión. En el plano humano el amor vive si es correspondido, de otro modo el brote se seca. Pero en el plano espiritual, si hay verdadero amor, al dar, este cederá más y más. De modo que tratando de trabajar de un modo altruista y sin expectativa presentaremos un mayor servicio a la sociedad.

El servicio altruista purifica, ennoblece. El servicio puede compararse con un jabón y la mente con un pedazo de tela. El servicio sólo no es el fin de la existencia, es un medio para asear la mente. Siempre existe la necesidad del aseo, puesto que la mente constantemente se vuelve impura por influencias externas, tal como la tela se ensucia cuando se la expone al polvo y otros agentes del aire exterior.

Discernimiento del Servicio

En este aspecto, Gñana puede traducirse como discernimiento. El discernimiento nos ayuda a aplicar útil e inteligentemente nuestro servicio, nos previene de imponernos a otros, nos previene de una comprensión errónea del deber. El real espíritu de servicio no crecerá a menos que se tenga la capacidad de discernir, de saber cuál es el deber de uno. Debemos aprender a discernir, a comprender.

Los procesos de comprensión

  1. A través de los grandes trabajos que han dejado almas nobles, o a través su ejemplo de vida.

  1. A través de maestros capaces de enseñar y en cuya inteligencia se tiene confianza.

  1. A través del propio intento y del error. De hecho, sin intento y sin error nadie aprende cómo actuar correctamente.

Podremos aprender la mejor de las enseñanzas, podremos recibir el mejor de los consejos, pero si no tratamos de aplicar la enseñanza o el consejo en el campo práctico, no conoceremos la verdadera dificultad o el verdadero problema. Por eso no hay una respuesta directa a nada. En última instancia es sólo a través del intento que se aprenderá, es a través del intento que el discernimiento crecerá.

En resumen, estos son los tres aspectos del Karma Yoga: el primero es la disposición a servir, de crear el espíritu de servicio en uno mismo, el segundo es tratar realmente de hacer algo práctico y positivo, y el tercero es aplicar el discernimiento en el servicio, evolucionar el espíritu de servicio a través de la inspiración, a través del discernimiento.

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